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“Si algún día fuese millonaria, en lo único en lo que gastaría sin pensar sería en viajar, viajar, viajar y después, seguiría viajando”. Quien me conoce, podría saber que esta frase es muy mía. Tengo una vida plena en la que rara vez, en 33 años de vida, me he sentido insatisfecha con lo que tengo. No porque sea mucho o poco, sino porque me adapto bien a todo lo bueno que tengo y lo exprimo al máximo. La única cosa que para mí no tiene límites es las ansias de conocer mundo.

He tenido mucha suerte porque puedo decir que me conozco algo así como medio mundo. Siempre viajo como puedo, a veces con más lujos, otras veces con mochila al hombro y bocadillo de tortilla. Al fin y al cabo, la Torre Eiffe, el Burj khalifa, las playas de Tailandia, los rascacielos de New York, los miles de rincones de la geografía de España, las horas del Big Ben londinense, el casco antiguo de Jerusalén, el caos de Marrakesh y su té moruno, los mojitos cantarines de Cuba… ,se ven con los mismos ojos ¿verdad?

Viajar te da vida, viajar te abre la mente, viajar te hace ser mejor persona porque empatizas con los demás, viajar te hace compartir, viajar te hace sentir, viajar para mí, es medicina, es mi cura de males y mi alegría cada vez que vuelvo a meter mi cepillo de dientes en la maleta.